domingo, 17 de marzo de 2013
Oporto en ocasiones puede ser la ciudad más triste del mundo. Una mente melancólica puede hacer de ella su refugio o su hastío. Caminas; y sin darte cuenta te vuelves homogéneo y el paisaje te absorbe. Eres sólo piedra mojada que pisar. Es un sentimiento similar al de formar parte de una familia que siempre te ha cuidado pero nunca te ha querido. Te sientes en casa, pero es confuso. Siempre serás forastero. Siempre te sentirás algo sólo. Aunque eso no te impide amar cada treinta segundos. A veces me recuerda a ese tango que nunca aprendimos a bailar. Pero la mayoría de las veces es un fado que escuchar solo y rodeado de gente.
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