Si hay algo característico en las casas de las personas mayores, a parte de la naftalina y un extraño olor a pipi, es el típico gallo de Portugal. Suele estar situado entre los recuerdos de bautizos, bodas y comuniones aún dentro del envoltorio, y esas las foto de chiquillos con el traje regional del pueblo que ha ido destruyendo la infancia de generaciones enteras. La cuestión es que en la España profunda de los años 50, si no tenías ese gallo no merecías vivir.
Una de las preguntas que más me han hecho desde que vine a Portugal, es de dónde viene el maldito gallo, ícono kitsch español por excelencia. Por eso hoy, cuando ha empezado la clase de portugués y la profesora ha sacado el tema a relucir, no he dudado en insistir en que nos contase hasta el último detalle. Ignorante de mi, que al ver el gallo tan colorido pensé que sería una historia bonita, llena de amor y canciones, granjeros... No sé, lo típico. Así que cuando ha empezado el relato todos la mirábamos con ilusión, esperanza, como una especie de Julie Andrews portuguesa. No sabíamos cuan equivocados estábamos.
La historia, al parecer, cuenta que hace muchos años se celebró un juicio. El acusado de pronto se levantó de su silla y dijo "SI SOY INOCENTE ESE GALLO DE AHÍ CANTARÁ". Y señaló un gallo decapitado que casualmente el juez tenía encima de la mesa (un hecho que al parecer no extrañó a ninguno de los presentes, ya que lo ha relatado como algo muy normal). Y como era inocente, el gallo, decapitado repito, se puso a cantar. Y la gente en lugar de huir despavorida, les pareció algo bastante lógico y le declararon inocente, y lo celebraron todos juntos mientras el gallo decapitado seguía cantando en la mesa como si tal cosa. Pero claro, aquí las cosas funcionan de otra forma.
Tras contar esto se he empezado a reír de manera histérica, mientras yo la miraba pálida preguntándome a qué clase de lugar me han enviado de Erasmus y dando gracias de que mi carrera no sea Derecho. Mi conversación con ella después de la historia ha sido algo así:
- "Pero... ¿el gallo estaba muerto?"
- "Sim" (sonriendo muy normal)
- "Pero... ¿entonces cantó dices?"
- "Sim, claro"
- "¿En plan "gallo zombie"?"
- "Sim, mais ou menos"
Y no ha querido seguir hablando del tema. Y así es la historia del gallo de Portugal. ¿Erais más felices antes? Ya somos dos.
martes, 9 de octubre de 2012
domingo, 7 de octubre de 2012
Calles(é)
Hoy ha pasado algo "curioso", por decirlo de alguna forma.
Cuando venía de camino a casa a la vuelta del teatro, he visto a un hombre que dormía en el rellano de una tienda de ropa. Por desgracia, esto no ha sido algo que me llamase la atención. Lo curioso ha sido que había montado en el diminuto espacio, una suerte de alcoba; con su cama/esterilla entre cartones, almohada, e incluso llevaba puesto un pijama. Cuando le he mirado, estaba doblando la ropa que había utilizado y guardándola en una maleta, como podría hacer el inquilino de cualquier hotel.
No sé, imagino que estamos acostumbrados a que la gente que tiene la desgracia de dormir en la calle, sea gente que se ha "buscado" tal situación. Gente que echa la culpa al vino, a las drogas, a las deudas por cualquier mal vicio, o vete tú a saber. Siempre los miramos como "locos" o inadaptados sociales. Gente ajena a nosotros, lejana. Como algo anómalo. Sin embargo, ya no es algo extraño. Cada día es más frecuente ver gente durmiendo en la calle, gente que hasta hace dos días tenía un modelo de vida resuelto. El modelo de vida que nos han inculcado como el"correcto".
Me ha hecho pensar en lo terriblemente cómodos que nos estamos haciendo, en ese generalizado pensamiento de "estando yo caliente, ríase la gente". El pánico comienza cuando pierdes tu trabajo, empiezan las deudas, se rompe ese modelo de vida que sin saberlo te han estado vendiendo, y te preguntas entre agónicas lamentaciones "qué he hecho yo para merecer esto". O mejor dicho, que no has hecho. Porque tiene la misma culpa el que comete el delito que el que le permite cometerlo con total impunidad.
Por otra parte, algo que se me hace muy raro también, es que desde que he venido a Portugal ya no me parece algo extraño ver gente durmiendo en la calle, y es algo que me apena terriblemente. Es como cuando comemos un gran plato de comida viendo como bombardean otras ciudades en las noticias y ni siquiera nos entra una arcada. Esa falta de empatía inconsciente tan típica de los países "desarrollados" es un hecho que me aterra. Me incluyo en el grupo.
A mi modo de verlo, somos una sociedad de psicópatas que simulan civismo, pero en cuanto alguien rompa ese frágil fingimiento de armonía saldrán a la luz nuestros más puros instintos animales. Esos que siempre hemos calificado como repudiable desde nuestra pudorosa y ficticia superioridad de homo pensantis. Y sino, dejad al tiempo que hable. Será un placer equivocarme en este aspecto.
Cuando venía de camino a casa a la vuelta del teatro, he visto a un hombre que dormía en el rellano de una tienda de ropa. Por desgracia, esto no ha sido algo que me llamase la atención. Lo curioso ha sido que había montado en el diminuto espacio, una suerte de alcoba; con su cama/esterilla entre cartones, almohada, e incluso llevaba puesto un pijama. Cuando le he mirado, estaba doblando la ropa que había utilizado y guardándola en una maleta, como podría hacer el inquilino de cualquier hotel.
No sé, imagino que estamos acostumbrados a que la gente que tiene la desgracia de dormir en la calle, sea gente que se ha "buscado" tal situación. Gente que echa la culpa al vino, a las drogas, a las deudas por cualquier mal vicio, o vete tú a saber. Siempre los miramos como "locos" o inadaptados sociales. Gente ajena a nosotros, lejana. Como algo anómalo. Sin embargo, ya no es algo extraño. Cada día es más frecuente ver gente durmiendo en la calle, gente que hasta hace dos días tenía un modelo de vida resuelto. El modelo de vida que nos han inculcado como el"correcto".
Me ha hecho pensar en lo terriblemente cómodos que nos estamos haciendo, en ese generalizado pensamiento de "estando yo caliente, ríase la gente". El pánico comienza cuando pierdes tu trabajo, empiezan las deudas, se rompe ese modelo de vida que sin saberlo te han estado vendiendo, y te preguntas entre agónicas lamentaciones "qué he hecho yo para merecer esto". O mejor dicho, que no has hecho. Porque tiene la misma culpa el que comete el delito que el que le permite cometerlo con total impunidad.
Por otra parte, algo que se me hace muy raro también, es que desde que he venido a Portugal ya no me parece algo extraño ver gente durmiendo en la calle, y es algo que me apena terriblemente. Es como cuando comemos un gran plato de comida viendo como bombardean otras ciudades en las noticias y ni siquiera nos entra una arcada. Esa falta de empatía inconsciente tan típica de los países "desarrollados" es un hecho que me aterra. Me incluyo en el grupo.
A mi modo de verlo, somos una sociedad de psicópatas que simulan civismo, pero en cuanto alguien rompa ese frágil fingimiento de armonía saldrán a la luz nuestros más puros instintos animales. Esos que siempre hemos calificado como repudiable desde nuestra pudorosa y ficticia superioridad de homo pensantis. Y sino, dejad al tiempo que hable. Será un placer equivocarme en este aspecto.
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