martes, 9 de octubre de 2012

La historia del gallo de Portugal

Si hay algo característico en las casas de las personas mayores, a parte de la naftalina y un extraño olor a pipi, es el típico gallo de Portugal. Suele estar situado entre los recuerdos de bautizos, bodas y comuniones aún dentro del envoltorio, y esas las foto de chiquillos con el traje regional del pueblo que ha ido destruyendo la infancia de generaciones enteras. La cuestión es que en la España profunda de los años 50, si no tenías ese gallo no merecías vivir.

Una de las preguntas que más me han hecho desde que vine a Portugal, es de dónde viene el maldito gallo, ícono kitsch español por excelencia. Por eso hoy, cuando ha empezado la clase de portugués y la profesora ha sacado el tema a relucir, no he dudado en insistir en que nos contase hasta el último detalle. Ignorante de mi, que al ver el gallo tan colorido pensé que sería una historia bonita, llena de amor y canciones, granjeros... No sé, lo típico. Así que cuando ha empezado el relato todos la mirábamos con ilusión, esperanza, como una especie de Julie Andrews portuguesa. No sabíamos cuan equivocados estábamos.

La historia, al parecer, cuenta que hace muchos años se celebró un juicio. El acusado de pronto se levantó de su silla y dijo "SI SOY INOCENTE ESE GALLO DE AHÍ CANTARÁ". Y señaló un gallo decapitado que casualmente el juez tenía encima de la mesa (un hecho que al parecer no extrañó a ninguno de los presentes, ya que lo ha relatado como algo muy normal). Y como era inocente, el gallo, decapitado repito, se puso a cantar. Y la gente en lugar de huir despavorida, les pareció algo bastante lógico y le declararon inocente, y lo celebraron todos juntos mientras el gallo decapitado seguía cantando en la mesa como si tal cosa. Pero claro, aquí las cosas funcionan de otra forma.

Tras contar esto se he empezado a reír de manera histérica, mientras yo la miraba pálida preguntándome a qué clase de lugar me han enviado de Erasmus y dando gracias de que mi carrera no sea Derecho. Mi conversación con ella después de la historia ha sido algo así:

- "Pero... ¿el gallo estaba muerto?"
- "Sim" (sonriendo muy normal)
- "Pero... ¿entonces cantó dices?"
- "Sim, claro"
- "¿En plan "gallo zombie"?"
- "Sim, mais ou menos"

Y no ha querido seguir hablando del tema. Y así es la historia del gallo de Portugal. ¿Erais más felices antes? Ya somos dos.

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